ESTAR EN BABIA

2 dic. 2010 5 comentarios en esta entrada

Con cualquiera que hablas que tenga hijos adolescentes, se queja de lo horrible y complicados que están ahora. Yo no voy a hablar de la adolescencia de mis hijos pero si voy a dar marcha atrás en el tiempo para recordar la mía.
Momento “efervescente” donde los haya, yo siempre estaba enamorada de alguien y nunca era correspondida, eso era lo peor. Con estos pensamientos una está como flotando y así pensaba tu madre,  que estabas siempre en "Babia", es decir, completamente distraída y alelada.




Siempre te decían que para vivir mejor el amor tenías que experimentar el desamor. ¡Qué tontería!.

Pues bien, durante mi adolescencia ¡yo solo sufrí el desamor!. Nunca fuí correspondida.  Mis enamoramientos se producían cada 27 segundos. Yo empecé muy pronto. A los 11 años mis amigas y yo ya estábamos locamente enamoradas del Dr. Gannon. ¿Os acordáis del Dr. Gannon?, pues mis primeros “forros” no infantiles para horror de las monjas de mi colegio fueron con la cara de ese personaje televisivo. (Una siempre estaba contenta de fastidiar a las monjas).



¡Hasta en la foto del cole ha salido el forro!


Así no podíamos estudiar, en vez de escuchar a la monja, cerrábamos el libro y nuestra imaginación empezaba a trabajar. ¡Estábamos en Babia!.
Sin cumplir los 12 llegaron mis primeros veranos en Londres y allí descubrimos a David Cassidy, ¡el Dr. Gannon pasó a la historia!, pero seguíamos estando en Babia. 


Nos pareció tan guapo que una amiga y yo nos compramos los discos y nos gastamos el dinero de aquella excursión en unos discos que ni tan siquiera habíamos oído, no sabíamos como cantaba el de la portada pero nos daba igual, estábamos en Babia.

Hasta aquí todo era muy platónico. Empezamos a escuchar las canciones y eso sí, al menos las letras nos ayudaban a “mejorar” el idioma mientras soñábamos y soñábamos. Cuando empezaron a “rondar", más o menos entre los 14/15,  los chicos de carne y hueso, solo se me acercaban los que NO me gustaban en absoluto. ¡Pobre A.!,  aquel que venía a buscarme todos los días a la salida del cole y yo me escapaba por la puerta de la portería gracias al "chivatazo" de alguna que estaba al tanto.  A mí me gustaban los hermanos de mis amigas, siempre más mayores, ¿estaría empezando a salir de Babia?.  Mi cabeza no daba para más, recuerdo tener frases en mis diarios como esta : “El otro día le pregunte a un Ángel, ¿sabes cual es el peor castigo? y el Ángel me respondió “Si, el amar y no ser correspondido” (frase sacada de una dedicatoria que me hizo una amiga), lo que indica que realmente estaba fatal, vamos en la Babia más profunda.

La verdad es que de esos momentos no me acuerdo de mucho, solo se que mi hermana tenía mucha más suerte que yo.




De lo que si me acuerdo es el haberme pasado muchos minutos durante muchos días al salir del colegio en la esquina de una calle, esperando que pasara “mi amor” del momento. Hasta que no le veía, yo no me movía y mi grupo conmigo, ¡qué buenas amigas tenía!, ahora lo veo claro. El llegaba, yo me acercaba, nos rozábamos y me iba a casa, más contenta que unas pascuas, hasta el día siguiente, por supuesto. El nunca lo supo.  ¡Qué paciencia!, ¡qué horror!, ¿cómo se me podía ocurrir?. Debía estar en el centro de Babia y seguía sin ser correspondida.
¿Y por qué ha venido todo esto?, ¡ah si!, al que algunas piensan que la adolescencia de ahora es peor, que están todos mucho más alelados; tendré que preguntárselo a mi madre. 


Todas estas historias (con las que he preferido no extenderme demasiado) que me acompañaron durante varios años hasta que se me terminó el “desamor”, bueno en realidad salí de Babia,  se las he contado a mi hija y sé que le hacían mucha gracia aunque ella personalmente piensa que he sido un tanto “intensa”.



Pues bien,  en uno de sus viajes encontró un imán de David Cassidy para el frigorífico y me lo mandó por correo, imaginaos, ¡es como si hubiera vuelto a la adolescencia a la que nunca quisiera volver!, ¡me acordé de cuándo estaba en Babia!. 
Tengo que confesar que para desesperación de mis hijos sus canciones aún me acompañan cuando conduzco, al final resultó que además de gustarnos nos gustaban sus canciones y nos ha acompañado durante muchos momentos históricos de nuestras vidas. Con esta foto que he sacado del imán que tengo en mi frigorífico me despido de este post de hoy. ¡Tranquilos, ya no estoy en Babia!.



5 comentarios

  1. Bueno bueno bueno que intensidades...
    Pero me ha gustado mucho, como siempre!! me encanta cuando me cuentas tus batallitas de jovenes...
    Y si, estoy de acuerdo, el desamor es lo peor que hay en este mundo
    un beso tiita :)

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  2. No te quejarás como te siguen... por ahí arriba....uf! pues si que estas intensa....
    En fin! ya me acuerdo... de todo...

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  3. Jajaja, que recuerdos, mas o menos para todas parecidos . Y pensar que alguna vez yo pasaba por aquella esquina de Dato con algun amigo sin saber ni conocer tu problema jajaja. Yo creo que nosotras estabamos mas en babia por la simple razon de - colegio de chicos - colegio de chicas.

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  4. Pues sí, ¡vaya cole!, qué educación, todavía habrá alguna que pensará que era la mejor educación del mundo, jijiji.....así salíamos todas. Yo ya no estoy intensa Miren.

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  5. ¿Y que me cuentas de Leif Garrett? ¿O es que tu ya eras mayor? jejeje
    Veo que tienes batallitas para rato. Asi me gusta, no solo quiero morir de hambre después de leerte.
    Besitos.

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